viernes, 27 de febrero de 2009

Presencia AFRODESCENDIENTE en México

De acuerdo con los datos que aporta la etnóloga Luz María Martínez Montiel , la población afrodescendiente que habita en México se encuentra ubicada principalmente en la Costa Chica de Guerrero, Oaxaca y el Estado de Veracruz.




En menor proporción, se encuentra en los Estados de Chiapas, Yucatán, Tabasco, Puebla, Colima, Michoacán, Sinaloa, Guanajuato, Querétaro y el Distrito Federal. Los registros estadísticos nacionales no contienen ninguna cifra relativa al número de habitantes afrodescendientes en el país. En una investigación hecha por Ben Vinson III y Bobby Vaughn , estimaron que para 1990 vivían en México aproximadamente 450,000 personas pertenecientes a este grupo. De manera reciente el estudio coordinado por Julia Isabel Flores Dávila , calcula que dicha población fluctúa ente el 2% y el 9% del total nacional.

La población afrodescendiente arribó a México durante la época de la Colonia, entre 1519 y 1640, como consecuencia de un declive demográfico de la población indígena y la necesidad, por parte de los residentes españoles, de sustituir la mano de obra. Fueron traídos con la finalidad de realizar los trabajos forzados que los indígenas, ante su cambiante estatus, no podían o no querían realizar. Los negros poseían vigorosidad y fortaleza física evidentemente, no se les consideraba como personas con derechos, eran esclavos sin ningún tipo de privilegio. De acuerdo con Catalina Delgado “Al principio de la Colonia, la proporción entre varones y mujeres esclavos trasladados fue la mitad de hombres y mitad mujeres. Ellas tenían menor precio, pues la fuerza física masculina propia para trabajos pesados era lo que se cotizaba en el mercado esclavista” . El hombre negro fue destinado a realizar una mano de obra gratuita y la mujer entró como regalía. Para el siglo XVII, esta población ya se había hecho presente de manera significativa en la mezcla racial de la Nueva España. No obstante, a partir de este momento comenzó a construirse el estereotipo de la inferioridad negra, promovido por un lado, por la literatura universal, la filosofía y la religión e incorporado plenamente, en las diversas formas que adoptan las relaciones sociales y culturales que los afromexicanos establecen con su entorno.

La condición de esclavitud que se caracterizó por la explotación, la perdida de su lengua original y la imposición de nuevas conductas morales y religiosas, provocó que algunos los negros huyeran a lugares alejados para formar pueblos cimarrones. Con la abolición de la esclavitud y la consumación de la independencia en 1821, los afrodescendientes cambian su estilo de vida y muchos deciden embarcarse de regreso a su lugar de origen, tales viajes partieron del puerto de Veracruz, de Acapulco y en la Costa de Oaxaca, se hicieron en Puerto Minizo. Muchos optaron por quedarse al encontrar en las costas nacionales similitudes climáticas, con sus pueblos de procedencia. Aquellos que se quedaron ocuparon en muchas ocasiones, los puestos de capataces en las haciendas cercanas, originando una rivalidad con las personas indígenas que eran empleadas en las haciendas puesto que “obedecer a un negro” era inadmisible. Se considera que dicha rivalidad sigue presente entre los pueblos indígenas y los pueblos negros quienes conviven con múltiples diferencias que arrastran de aquellos tiempos.

Es claro que para la historiografía y para la historia oficial no existe el pueblo afrodescendiente, por lo que el mayor reconocimiento de su presencia se encuentra en la autoafirmación, que deviene de la revitalización de sus costumbres y tradiciones.